EL RETORNO DE UN REY

La aventura británica en Afganistán 1839-1842

Autor: William Dalrymple 


RESEÑA por Asier Rojo

Érase una vez Yaghistán, “la tierra de la rebelión perpetua”...

 

     Apostar por una línea histórica que combinase rigurosidad académica con divulgación para todos los públicos parecía, a priori, una temeridad en nuestro país. Desperta Ferro nos sorprendió a todos con su calidad, su acertada elección de temas y su merecido éxito editorial. No contentos con haber dotado al mercado de una revista de historia excelsa, pronto comenzaron a editar ensayos históricos de más calado. Saliendo, incluso, de la zona de confort de temas patrios o de la Segunda Guerra Mundial.

 

     Es ahí donde encontramos El retorno del rey, la trepidante crónica de la Primera Guerra Anglo-Afgana, complemento perfecto para el número de la revista dedicado al Gran Juego. El libro cautiva incluso antes de leerlo por sus ingredientes románticos, exóticos y aventureros. “Rascar” en los rincones históricos menos tratados siempre vaticina interesantes descubrimientos, y sorprende comprobar que lo que ahora se nos antoja como un rústico “limes” montañoso de nuestro mundo globalizado constituía, tan solo hace unos siglos, una concurrida encrucijada entre China, Persia, el Indostán y Rusia.

 

     De esta forma nos adentramos en el relato jugando con el paralelismo con el que los servicios secretos europeos comenzaron a desentrañar los misterios de la geografía y organización social del reino durrani, de orígenes mogoles y timúridas. A través de verdaderos aventureros románticos, que se adaptaban a lo que la situación requiriese de ellos (soldados, espías, embajadores, diplomáticos, geógrafos, arqueólogos, trúhanes y embaucadores), tanto el Imperio Británico como el Ruso intentaron asegurar sus fronteras sojuzgando a los kanatos y estados independientes de la zona.

Fue esta paranoia, similar a la carrera espacial en la Guerra Fría, la que desencadenó la Primera Guerra Anglo-Afgana. La Compañía de las Indias Orientales, empresa privada que administraba el Raj como un estado propio hasta la rebelión de los cipayos, fue arrastrada a un conflicto innecesario, costoso, lejano y peligroso por una pobre toma de decisiones geo-estratégicas.

 

     Sin embargo, el acierto del historiador William Dalrymple radica en proporcionarnos la perspectiva afgana (algo ya de por sí loable) como un caleidoscopio heterogéneo y vibrante de intereses políticos, familias, tribus y personajes. Evitando las caracterizaciones simplistas en las que los afganos se representan o bien como exquisitos nobles cultivados de refinados modales persas o bien como analfabetos bandidos pastunes que amenazan los pasos de montaña, Dalrymple teje un complejo e inestable entramado político que se verá profundamente alterado por la injerencia extranjera.

Con su evidente talento narrativo consigue dotar de identidad psicológica a cada protagonista basándose en una síntesis de fuentes (cartas, informes oficiales, diarios, cronistas posteriores, testigos). Sin caer en la ficción de la novela histórica, por tanto, consigue convertir el árido ensayo histórico en un apasionante relato cuyo desarrollo engancha desde el extenso y necesario prólogo con el que enraizamos el episodio.

 

   Asistiremos, por tanto, a la interminable pugna entre los sadozais y los barakzais, lucha irreconciliable por la legitimidad al trono afgano que actúa como motor narrativo al que se van añadiendo elementos como la configuración tribal del estado, su peculiar idiosincrasia geográfica, la fragmentación cultural e idiomática, su complejo ecosistema social o la relevancia religiosa. Hacer funcionar a todo este entramado como una unidad política era una proeza tan solo a la altura de los más hábiles líderes afganos. Este ejercicio de fina orfebrería se vio completamente desequilibrado con la llegada de las misiones extranjeras en un principio, y la intervención militar británica en la fase posterior.

      Dalrymple explica que los fallos de inteligencia, de comprensión de toda una sociedad, no se dieron al nivel de los primeros enviados y diplomáticos, sino a una equivocada interpretación en Delhi. Eligiendo equivocadamente a su títere, y confiados de la superioridad técnica y moral de los occidentales, los británicos irrumpieron en un país montañoso cuyo poder estaba atomizado. Estos errores estratégicos se complementaron con la ineptitud de los mandos ingleses, tanto civiles como militares, que fallaron en su misión de instaurar un gobierno estable y centralizado desde Kabul. Como el noble Mehrab Khan advertía al carismático Alexander Burnes “Habéis traído vuestro ejército a Afganistán, pero ¿cómo pretendéis sacarlo de aquí?”.

 

       La situación se deteriorará a lo largo de la ocupación británica, apuntando al fatídico desenlace. Las fuerzas acantonadas en Kabul se verán obligadas, ante una población altamente hostil azuzada por el llamamiento a la Yihad, a iniciar una ominosa marcha invernal en retirada hacia Jalalabad. Desmoralizados, desnutridos y ateridos por las terribles temperaturas del enero afgano, 20.000 soldados y civiles fueron incansablemente hostigados por fuerzas irregulares afganas. De toda la columna, solo un integrante lo conseguiría.

 

     Adicionalmente a la calidad intrínseca de la obra, el ensayo está estructurado como un extenso paralelismo con la situación actual del país. Si bien todos señalamos a Hitler acusatoriamente por su empresa rusa, conociendo los antecedentes de la Grande Armée, cabe aquí preguntarse cómo la coalición de fuerzas que ocupó Afganistán en el 2001 cometió, uno tras otro, cada error británico de 1839. La metáfora del “elefante en la cacharrería” es la imagen más conveniente a la hora de definir ambos periodos.

 

     El Retorno de un Rey, en definitiva, constituye una excelente puerta de entrada al conocimiento histórico moderno de Asia Central. Sus apabullantes fuentes (años de investigación en el país) se combinan con una maestría literaria poco habitual entre los historiadores, conformando una verdadera obra de arte divulgativa.


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